Cómo meditar con la ayuda de una vela

Una técnica muy fácil que favorece la relajación, nos puede servir en éstos tiempos de incertidumbre que estamos atravesando.


Si no tenemos experiencia en el arte de meditar, al principio puede ser muy difícil mantener la atención y relajarse. Esta técnica es muy buena para principiantes o para cuando nos sentimos particularmente nerviosas/os o descentradas/os. El contemplar, con calma y en silencio, el suave movimiento de la llama, nos permite lograr cierto grado de relajación y concentración, que puede ir desarrollándose más en el futuro, a medida que aumentamos la práctica.

“Es buena idea probarla después de un baño relajante, o antes de ir a dormir. Permitirnos entre 10 y 15 minutos para la meditación."

Seguramente hayas escuchado algo sobre meditación. Tal vez practiques ya. En mi caso muchas veces me llegó el consejo, de alguna persona más entendida, o de algún texto que llegaba a mis manos pero en mi acelere cotidiano me resultaba difícil concretar un momento y ponerme a intentar lograrlo. Hasta hace poco, cuando la cuarentena sorprendió mi día a día, y una nueva situación nunca antes vivida, llenó de incertidumbre, ansiedad y miedos mi ser.

Para calmar mi mente y mis sentimientos angustiantes, enseguida recurrí a prácticas de yoga en el living de casa, guiada a través de la pantalla de la computadora. Y también a buscar información instructiva sobre meditación, tratando de conseguir un método fácil que me permita dar algunos primeros pasos en la práctica. Así conocí la palabra "trataka" que en sánscrito significa "observar" o "contemplar" o algo así como "mirar fijamente con contemplación" y puede considerarse una técnica sencilla y fácil para adentrarse de a poco en la meditación. Consiste en mirar fijamente algún objeto externo, puede ser por ejemplo una vela encendida (objeto muy usado para esto), para lograr un estado de concentración y aquietar la mente.

¿Cómo practicarlo?

1. Elegir nuestro objeto de contemplación.

Una vela encendida es un objeto ideal, ya que el suave movimiento de la llama es muy relajante de por sí, al observarlo.

2. Elegir el lugar apropiado.

Debe ser un espacio tranquilo y silencioso, una habitación semioscura, donde nos podamos sentar cómodamente y ubicar la vela delante nuestro, de manera que quede a una distancia intermedia de nuestros ojos, ni muy cerca ni muy lejos, no debemos forzar la vista y la llama debe de quedar a la altura de nuestra mirada para que nuestros ojos estén relajados. Por ejemplo, podríamos ubicar un almohadón en el piso frente a una mesa baja, sentarnos con piernas cruzadas y poner la vela sobre la mesa delante nuestro.

3. Sentarse de manera cómoda y relajada, cerrar los ojos y calmar la respiración.

Durante unos breves minutos, relajamos el cuerpo y nos preparamos para comenzar la meditación, haciéndonos conscientes de nuestra respiración, inhalando y exhalando por la nariz, pausada y tranquilamente. Cerramos los ojos, percibimos nuestro cuerpo, soltamos tensiones innecesarias. (Podemos sentarnos en el suelo de piernas cruzadas y espalda recta, o apoyar la espalda en una pared si nos cuesta mantenerla derecha, o sentarnos en una silla con los pies descalzos apoyados en el suelo logrando una postura erguida y firme pero cómoda). Cuando sentimos calma, abrimos los ojos.

4. Observar y mantener la mirada fija en la llama de la vela.

Abrir los ojos y comenzar a observar fijamente el movimiento de la llama. Al encontrarnos con un pensamiento, sólo observarlo y dejarlo ir, para volver la atención sólo a la llama. Respirar de forma consciente. Mantener esto por unos cuantos minutos (cuanto más podamos mejor). Si nuestra vista se cansa, podemos cerrar los ojos brevemente, respirar profundamente y luego continuar, sin forzarnos.

En una etapa más avanzada, si ya lo practicamos más de una vez, podemos intentar mantener los ojos abiertos sin parpadear por el tiempo que podamos y luego al cerrarlos, visualizar la llama con los ojos cerrados, con el mayor detalle posible, y mantener esa visiónel mayor tiempo posible, imaginando que la luz nos llena, ilumina nuestro interior, nos da calor y nos produce bienestar. Con el tiempo, podemos prescindir de la vela si la imagen de la llama se graba en nuestra mente.

5. Finalizar agradeciendo.

Una vez sintamos que es suficiente, podemos dar por terminada nuestra meditación agradeciendo internamente al universo y a nosotras/os mismas/os por el momento y por todo lo que querramos agradecer. Podemos agradecer con palabras, con gestos, con pensamientos.

Podemos hacer una respiración profunda y apagar nuestra vela. Disfrutar por un rato los beneficios de ese estado de calma y relajación, evitando volver abruptamente a pensar en problemas, manteniendo nuestro foco en algo positivo o aprovechar para ir a descansar con un sentimiento de tranquilidad en la mente y el cuerpo.

¿Qué beneficios puede darnos?

Muy utilizada para principiantes o como introducción a una sesión de meditación más intensa, esta técnica practicada con frecuencia, puede tener interesantes beneficios:

1. Relaja la mente, calma la ansiedad

2. Ayuda a incrementar la concentración

3. Estimula la memoria

4. Relaja y mejora la vista, fortalece los ojos

5. Es fácil y útil para aquietar la mente y comenzar a meditar

6. Según expertos espirituales, purifica el sexto chakra, Ajna (el que está ubicado justo en la zona de nuestro tercer ojo)

Además, al ser una práctica relativamente sencilla de dominar para niveles principiantes, puede llegar a darnos la satisfacción de lograr nuestras primeras experiencias exitosas y la confianza necesaria para iniciarnos de a poco en procesos de meditación más intensos.

Un paso más, cuando ya tenés más práctica

En palabras textuales de mataji Indra Devi, en su libro “Respirar bien para vivir mejor”

"Piense en la luz como un símbolo de lo eterno y de lo divino. Y medite en ello. Después de unos días o quizá semanas –lo que dependerá de su habilidad para concentrarse-, no necesitará tener una vela encendida enfrente para verla en su imaginación, ya que obtendrá la imagen simplemente con cerrar los ojos.

Ahora trate de imaginarse que la luz está en su interior. Déjela brillar en todo su esplendor, enviando sus rayos en todas direcciones, sobre todo ser humano con sensibilidad mental, para que les lleve luz, calor y compasión. Observe cómo se vuelve más brillante disipando la oscuridad, la ignorancia, la soledad, el miedo, el odio, la lujuria, la codicia, la envidia… Observe como arroja lejos el sufrimiento y el dolor, sustituyéndolos por alegría, amor y felicidad. Deje que esa luz envuelva todo su ser.”

“El día que comprenda que la luz en su corazón y la divina luz eterna son la misma cosa, habrá logrado la unión con ella y sabrá que representa la verdad, el amor y lo Divino.”

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